La fotografía fue tomada en la última cena realizada por el gobierno a beneficio de su fundación en el salón rojo de “La Rural” a la cual asistieron más de 800 personas. La beneficencia es un ritual de origen eclesiástico que el capitalismo neo-liberal redefinió para (entre otras cosas) dormir con la conciencia tranquila.

Por un lado Margarita Barrientos. Baja, morocha, con la cara marcada de años, poco maquillaje y ropa holgada, con motivos ‘originarios’.  Barrientos se mudó en el 1996 al barrio “Los Piletones” en el sur de la Ciudad de Buenos Aires, donde fundó el comedor homónimo.

Barrientos es una figura fundamental en este gobierno por representar las clases populares. Unas clases populares (las que ella expresa) sumisas a un régimen neoliberal que los excluye y los somete. Una clase baja que se conforma y agradece con el sistema de limosnas culpógenas de las clases dominantes. Una clase baja incorporada a un neoliberalismo que no busca desandar las bases de la desigualdad social, económica y cultural sino aguantar en sus espaldas el yugo del sacrificio bajo un discurso del esfuerzo personal. Una clase baja que apoya la cultura del sacrificio aunque los únicos sacrificios los hagan ellos.

Por otro lado Carolina Stanley, ministra de Desarrollo Social, alta, muy maquillada, flaca y joven (o negada a envejecer) con ropa sexy y rasgos caucásicos. Stanley es ministra de un gobierno bajo el cual el desarrollo no existe y la estructura social involuciona. Aunque es la figura creada por este gobierno para representar a las mujeres emprendedoras dista de lo que los feminismos entienden como empoderamiento. Stanley es un eslabón fundamental de un gobierno que reduce jubilaciones, recorta en educación y salud y aumenta el desempleo.

La cercanía agudiza el contraste de las figuras. La distribución desigual riqueza y poder, se grafica en la diferencia de altura, de color, la distribución neoliberal del deseo que sobrevalora los cuerpos magros, estilizados, jóvenes.

En un año donde los feminismos tomamos las calles para reclamar el derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos construyendo un movimiento transversal que se posiciona como un actor fundamental en el panorama político actual y disputa realmente el poder y representación en los sindicatos.

En ese momento, merecemos imágenes mejores.

Dalia Cybel

Para Negro sobre Blanco
Observatorio Crítico de Visualidades Neoliberales
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