Interrogar las formas de las invisibilidades que nos habitan y conforman es recorrer por un lado lo invisible como algo “instituido”, a ser detectado y vuelto a la luz, evidenciando las formas de lo ocultado, de lo arrastrado a un cono de sombras, o de exceso lumínico, es decir, espectacularizado. Pero por otro, comprende a la invisibilidad una intrínseca potencia política “instituyente”, donde invisibilizarse se torna un acto de resistencia: salir del foco lumínico no solo de la lógica de las industrias culturales, sino de las tecnologías biopolíticas que proponen y obligan a una presencia constante, perpetua, espec(tac)ular, es re-constituirse, fabularse sujeto emancipable.