Multiracial, multicultural, urbano, chic, exótico y primaveral. Verano 2018, Juliana Awada tiene el honor de ser la anfitriona del G20.

Organizadora de la comisión de “partners” que guía y entretiene a las esposas de los primeros mandatarios, mientras estos resuelven las políticas mundiales. Los 20 monstruos más voraces y capitalistas del planeta.

La comisión  de mujeres paladea arte y comida ligth por las calles de barrio norte. El viernes almuerzan en la casa de Victoria Ocampo, quien hace casi un siglo lideraba una campaña feroz en contra del populismo argentino de entonces. “Nos acostumbraron a gastar más de lo que tenemos” repite el discurso oficial desde hace tres años.

Al finalizar la cumbre Juliana Awada entrega a cada uno de los invitados y sus consecutivas primeras damas bolsitas de souvenirs. Las bolsitas no tienen caramelos masticables como las de cumpleaños infantiles.  Las bolsitas de Awada traen un vino, unos chocolates, unos blends de té, velas y una pulsera para cada uno, porque al parecer los reyes del capitalismo mundial no se conforman con llevar anexadas sus mujeres como accesorios. Siempre necesitan más.

En la imagen Awada le toma la mano a una mujer de rasgos hindúes vestida con sari. Se la toma apenas de los dedos, no vaya a ser que contagie.  La tez contrasta, la mirada también, ¿qué estará pensando Awada -que tan bien sabe reconocer las influencias hindúes en los desfiles de moda- de las 400 millones de personas analfabetas que viven en India, en su mayoría niñas y mujeres?

En el 2012 La ONG La Alameda presentó un video en el que se muestra a través de una cámara oculta el taller de la marca Cheeky, perteneciente a la primera dama. En el video  trece personas “trabajan” en condiciones de hacinamiento. Según la investigación posterior los obreros realizaban una jornada de 15 horas diarias con una remuneración mensual de 1800 pesos.

¿Piensa Awada, en la mudez de la noche en Olivos en aquellos que no pueden concurrir al G20? ¿Tiembla entre sedas chinas su conciencia? ¿Se imagina a las nenas que revuelven la basura y se hacen trajes de princesas y brujas con plásticos de colores que encuentran tirados entre cáscaras de huevos, pedazos de mandarina y forros descartados?.

¿Qué pensará Awada, – sentada al lado de la mujer hindú o cuando combina sus trajes de sastre para posar en la tapa de una revista- de las pibas que fuman para poder borrar la inercia del recuerdo del hambre, al menos una noche?

Dalia Cybel

Para Negro sobre Blanco. Observatorio Crítico de Visualidades Neoliberales

Noviembre, 2018